
Estas pequeñeces son perfectas para desatar la cólera de nuestros huéspedes o enfuriar a cualquiera que cruce nuestro camino, garantizado. El asunto es así: necesitamos encender el interruptor de cualquiera de estas originales maravillas y ubicarlas inteligentemente en nuestra sala o cerca del dormitorio, donde no harán nada hasta que anochezca, es entonces que la diversión comienza.
Sin luz alguna el artefacto comenzará a producir un ruido muy, MUY molesto (que puede ser el incesante ladrido de un perro callejero o el martirio de una gotera en la cocina o baño). Como es de suponer, nuestra víctima encenderá las luces para dar inicio a la cacería de la respectiva fuente de stress, algo totalmente en vano ya que la caja se detendrá en el instante que la luz se encienda.
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