Se bromea normalmente con la idea de que Microsoft quiere controlar el mundo.
Muchos reirán ante tal posibilidad, alegando que es imposible. Bueno, si pensamos un poco, sus maniobras monopolÃsticas en un campo tan poderoso como los ordenadores personales, al menos, nos dejan un pequeño regusto de duda. ¿Por qué?
En su suite ofimática MSOffice 2003, acaban de incluir la tecnologÃa Palladium, que permite la posibilidad de compartir los archivos con los usuarios que nosotros queramos, controlando asà la difusión del mismo. Esto se puede ver como una ventaja, pero, como todo sistema de control ejercido por una empresa con grandes intereses económicos, puede resultar poco menos que peligroso. Introducir esta tecnologÃa en MSOffice 2003 puede ser un tÃmido comienzo y augurar una mayor presencia en otros medios como vÃdeos, música, etc. El peligro también es que el formato DOC, es un estándar “de facto” y cerrado, esto es, simplemente es un estándar porque muchos lo usan, no porque haya sido proclamado por ninguna organización abierta. Además, MSOffice, como suite, tenÃa algunos errores imperdonables que han dejado en evidencia a más de uno.
Aunque era algo que ya se sabÃa, en Agosto de 2003 saltaron todas las alarmas a raÃz de un curioso suceso ocurrido al equipo de gobierno de Tony Blair con un documento escrito en Microsoft Word. A comienzos de este caluroso mes, alguien descubrió que Alastair Campbell, director de estrategias y comunicaciones del gobierno de Blair, podrÃa haber plagiado un documento referente a la guerra de Irak hecho público en Febrero de 2003 (Titulado “Iraq – Its Infraestructure of Concealment, Deception and Intimidation”). En el documento se suponÃa a Saddam Hussein la tenencia de armas de destrucción masiva. Esto ya sabemos que es una invención, pero lo realmente sorprendente fue que, indagando en sus bytes, se encontraron los nombres ocultos de cuatro civiles que habÃan trabajado en él, que lo habÃan modificado o editado, haciendo tambalear la veracidad de la supuesta fuente del documento. Finalmente se descubrió que el archivo habÃa sido plagiado a partir una antigua tesis de hace más de doce años (coincidente con la primera guerra de Irak). El episodio hizo dudar de la capacidad del gobierno de Blair, poniéndolo en el punto de mira, avergonzando a todos y haciendo que el señor Campbell tuviese que dar muchas explicaciones sobre la “reutilización” de documentos oficiales. Pronto aprendieron la lección y ya han remediado el problema de raÃz. Todo el gabinete se pasó al formato PDF (estándar abierto) para publicar cualquier documento en su web a partir de ese momento (www.number-10.gov.uk).
De todo esto tienen la culpa los metadatos que Microsoft incluye en todos los documentos creados con su archiconocido paquete de informática Office. Los metadatos son “datos sobre los datos” que incluyen todos los ficheros creados con Office y que Microsoft justifica alegando que su inclusión mejora la edición, el visionado, el archivado y la recuperación de documentos Office, en definitiva, parece que hacen del mundo un lugar mejor donde vivir. Pero nada de esto es cierto. Los metadatos son absolutamente prescindibles, sin menoscabar un ápice de funcionalidad en el uso del paquete ofimático.
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Y es que, según el propio Microsoft, los datos que pueden llegar a ser incluidos sin nuestro consentimiento en sus documentos son: Tu nombre, organización, dirección de correo, nombre de tu ordenador y datos de red, datos ocultos de objetos incrustados, nombres de autores previos y editores, revisiones y distintas versiones del documento, tipos de impresora donde han sido impresos, comentarios ocultos, texto que creÃas borrado, etc, etc, etc. Incluso en un experimento realizado por el experto en informática Byers, se pudo comprobar con pavor cómo se mantenÃan en el documento los números de la seguridad social de los empleados de una empresa, cuyo editor “creÃa” haberlos borrado antes de colgar el documento en Internet.
¿Existen alternativas entonces? SÃ, podemos hacer muchas cosas para evitar este desconsiderado comportamiento del editor de textos. Para empezar, podrÃamos cambiar de editor de texto, y utilizar una alternativa libre, gratuita y totalmente compatible con Word como es OpenOffice. Por cierto, podréis encontrar un excelente documento que habla de las razones por las que pasarse a OpenOffice aquà http://raulex.eresmas.com/porquenodebemosusaroffice2003.sxw . Realmente interesante: (por supuesto, en formato OpenOffice) pero si no disponéis del programa, aquà tenéis el artÃculo completo: www.aclantis.com/article2887.html en formato HTML.
OpenOffice es una suite muy completa, con las mismas o más funcionalidades que la de nuestro amigo Bill Gates, sólo que goza de menos popularidad. Sus formatos son absolutamente compatibles con los de MSOffice (puedes abrir, editar, modificar, crear archivos DOC, PPT, XLS…) y además es multiplataforma (puede ser usado en Windows y Linux) está en todos los idiomas imaginables, su interfaz es calcada a la de MSOffice y, lo mejor, es GRATUITA. Muchos piensan que esto no es una ventaja, que tampoco han pagado por su MSOffice, pero hay que recordarle que con ese desconsiderado gesto, están fomentando la piraterÃa y cometiendo un delito. OpenOffice, en su versión actual 1.1, deja en la estacada a la suite de pago, y la relación calidad precio (recuerdo que es 100% gratuita) es para pensárselo. Por supuesto, no contiene ningún elemento espÃa, ni Palladium ni metadatos.
Y no es que yo tenga oscuros intereses presentando esta alternativa. La aplicación OpenOffice es libre, gratuita, no existen las licencias, nadie es dueño de ella, quien lo desee y tenga los conocimientos puede estudiar el código fuente y mejorarla. Se sitúa en el cada vez más poderoso movimiento “open source” y licencias GPL, que permiten el acceso al código fuente del programa, y además, modificarlo al gusto siempre que tales modificaciones se hagan igualmente públicas y no se obligue a pagar por ellas, protegiendo asà cada programa.
Una pequeña joya que, sin duda, hará sudar chorros de tinta a los creadores de MSOffice.

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