Las galaxias, en particular las más cercanas, ofrecen imágenes tan hermosas y diversas que resultan fascinantes para cualquiera que se detenga a contemplarlas, ya se trate de un profesional o de un simple curioso.
El grandioso espectáculo de la multitud de formas que estos “icebergs” celestes pueden asumir resulta todavÃa más impresionante cuando se emplean astrofotografÃas en colores verdaderos.
El mensaje cromático que nos envÃan las galaxias no sólo es hermoso, sino instructivo y relativamente fácil de interpretar.
Para comprender el lenguaje de los colores, hay que tener en cuenta en primer lugar que una galaxia es un objeto compuesto. Sus principales fuentes de luz, y color son las estrellas y las nebulosas luminiscentes; pero también la materia oscura contribuye a veces a la paleta cromática con oportunas “veladuras” de las nebulosas opacas, situadas delante de los campos estelares o de las nubes brillantes. Combinando estos pocos ingredientes, la naturaleza consigue la enorme variedad de formas y colores de las galaxias, del mismo modo que un experto en reposterÃa, dosificando y preparando de distinta manera la harina, el azúcar y la leche, puede conseguir gran variedad de dulces en el escaparate.
Los colores cambian con el tiempo
La idea es asà de sencilla, pero hay una complicación. Los colores y la proporción de los diversos ingredientes con que la naturaleza fabrica las galaxias cambian con el tiempo. Las estrellas evolucionan, envejecen, y mueren, enriqueciendo de elementos pesados las nubes de hidrógeno y helio donde nacerán otras estrellas. Cuando nazcan los nuevos astros, seguirán también un ciclo vital caracterizaod por significativos cambios de color.
Para estudiar más a fondo estos conceptos y elaborar un rudimentario diccionario con el que traducir el lenguaje de los colores, es conveniente analizar la evolución cromática de una población de estrellas de la misma edad. Por razones de sencillez, trataremos de imaginar una galaxia constituida solamente de estrellas, nacidas todas en el mismo instante y compuestas todas por la misma combinación de hidrógeno, helio y elementos pesados, aunque esta última propiedad no es tan importante para nosotros.
Si contemplamos nuestro modelo de galaxia poco después de la formación de su población de estrellas, situándonos a la debida distancia (pongamos 100 millones de años luz), veremos un objeto de intenso color azul.
Pero si nos acercamos mucho, hasta distinguir perfectamente las diferentes estrellas, advertiremos que el azul es sólo el color de los astros más brillantes, que destacan sobre un fondo de numerosas y tenues estrellas rojas. Las teorÃas referentes a la evolución estelar nos ofrecen la explicación.

En esta fotografÃa de M33 realizada por el gran astrofotógrafo Robert Gendler podemos apreciar claramente los diferentes colores que componen la galaxia. Debemos tener cuidado al procesar estas fotografias para respetar las tonalidades. Para ello, conviene informarse sobre el objeto fotografiado antes de lanzarse a procesar las astrofotografÃas que hayamos hecho.
Azules y derrochadoras
Cuando nace una estrella, es decir, cuando en su interior se desencadenan los procesos que fabrican núcleos de helio a partir de protones, la masa del astro es prácticamente el único elemento que determina la luminosidad, el radio y el color del objeto celeste durante toda la fase de “combustión” termonuclear del hidrógeno.
Las estrellas de mayor masa llegan a ser muy luminosas y de un intenso color azul (en virtud de la elevada temperatura fotosférica), pero esta magnificencia tiene un precio: estos astros agotan rápidamente su combustivble y en poco tiempo (astronómicamente hablando) desaparecen de la escena, tal vez con una imponente explosión de supernova, para cerrar con elegancia el magnÃfico espectáculo de su vida.
Las estrellas más pequeñas, de color rojizo, consumen lentamente sus reservas y viven mucho más, pero precisamente por su parsimonia son muy tenues y no pueden compararse en esplendor con las estrellas azules.
Rojas y antiguas
Las estrellas intermedias, semejantes al Sol, sustituyen progresivamente en nuestro modelo de galaxia a los astros gigantes y “despilfarradores”. Después de algunos miles de millones de años, su color inicial pasa del amarillo verdoso al rojo, porque la superficie fotosférica crece desmesuradamente y se enfrÃa. También su modesta emisión de luz se transforma finalmente en un torrente de fotones, por efecto de una reordenación estructural, consecuencia del agotameinto del hidrógeno como combustible.
Si observamos nuestro modelo después de 10.000 o 20.000 millones de años de la “explosión demográfica” inicial, no tendremos ante nosotros una galaxia azul, sino roja. Entre las galaxias reales, las que más se aproximan a las condiciones del sencillo modelo que hemos utilizado son las elÃpticas.
Consisten en estrellas muy viejas, prácticamente coetáneas, que confieren a estos objetos una coloración caracterÃstica entre el amarillo y el rojo. No están presentes las nebulosas luminiscentes ni las oscuras, como testimonio de la endémica pobreza del material que da origen a nuevas estrellas. Por el contrario, las espirales contienen varias generaciones de estrellas. Las más viejas predominan en la región central, el bulbo rojizo que parece una galaxia elÃptica en miniatura. Las más jóvenes pintan de azul los brazos espirales, donde se agrupan en racimos rodeados de nubes de polvo y gas.
Asà pues, el diccionario de los colores sólo consiste en una sencilla regla: azul=joven y rojo=viejo.
El ejemplo más claro es M31 en el que el bulbo central queda amarillo-anaranjado y los brazos más exteriores tienden hacia el azul.
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