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Las patentes en el software: Frenan la innovación tecnológica

Dentro de la inquietante manía europea por mimetizar las costumbres de un país que no sólo merece no ser copiado, sino prácticamente ignorado en el aspecto cultural, por lo poco que han demostrado ser capaces de aportar al mundo, se barajaba la posibilidad de simular el sistema de patentes de Estados Unidos.

Donde hasta el más pequeño programa informático o idea, puede ser patentada y quedar a expensas del que primero legalice una idea que puede beneficiar a todos, pero pertenecerá sólo a uno.

Aunque el artículo 52.2 del Convenio Europeo de Patentes deje bien claro lo que no puede ser patentado “los descubrimientos, las teorías científicas y los métodos matemáticos. Las creaciones estéticas. Los planes, principios y métodos para el ejercicio de actividades intelectuales, para juegos o para actividades económicas, así como los programas de ordenadores”, La Comisión Europea lo contradecía intentando hacer posible patentar el software informático. En Estados Unidos puede ser patentado hasta el más elemental programa, haciendo que todos las entidades que quieran hacer uso de esa idea en el futuro, deban pasar por caja. Este continuo ir y venir de demandas por uso, abuso o copia de ideas patentadas, mueve en el país norteamericano millones de dólares constantemente, entre juicios, convenios y arreglos entre las partes.

¿Qué problema supone patentar las ideas de programas? Pues básicamente, pueden frenar la innovación tecnológica, y dejarla en manos de las grandes empresas que puedan permitirse el lujo de patentar (no es barato) o comprar las ideas o las propias licencias de empresas pequeñas. Si una pequeña empresa tiene la osadía de crear un programa técnicamente superior al de una gran compañía (no es la primera vez que ocurre) puede patentarlo, pero rápidamente los tentáculos del gigante le ofrecerán una cifra que no podrán rechazar. Quizás la gran empresa aproveche la idea, o puede que la abandone en un cajón, a la espera de vender todo el stock de su antiguo programa, y más tarde comercializar el invento ajeno como innovación tecnológica del momento.

En el caso contrario, las pequeñas empresas no podrán mejorar los programas existentes que otras grandes compañías han creado. Esto en la informática es extremadamente importante. Muchos pequeños programadores pueden crear programas con resultados superiores a los de grandes compañías, empleando sólo su tiempo libre en ello. Así, se dejará de innovar en el aspecto del software, porque intentar realizar un programa que se parezca a uno ya patentado, sería ilegal. Esto echa el freno en el mundo del software libre, donde casi siempre podemos encontrar una alternativa libre o gratuita a los grandes programas comerciales.

Las patentes se crearon con la intención de proteger las ideas de los pequeños desarrolladores. Así, la persona que inventara o creara algo nuevo podía patentarlo para que nadie pudiese robarle la idea y aprovecharla comercialmente. Pero puede tener un efecto contraproducente si nos referimos a los programas informáticos. El dueño de la patente es dueño de la idea, y puede hacer con ella lo que le plazca, desde no desarrollarla en absoluto, privando al mundo de la nueva ventaja, hasta divulgarla gratuitamente.
 
Internet sigue una filosofía diametralmente opuesta a lo que las patentes representan. En Internet, las ideas no tienen dueño, son públicas y deben compartirse entre los usuarios. Si las bases sobre las que se asienta la red de redes hubiesen sido objeto de patentes, no podría haber existido el “boom” que todos disfrutamos a mediados de los noventa. Las bases tecnológicas sobre las que se basa Internet son especificaciones libres, públicas y estándar. Toda compañía puede acceder libremente a ellas e implementar un programa que las use y respete, añadiendo así diversidad al mundo tecnológico, que considero la única manera de avanzar y mejorar los sistemas informáticos.

Nadie se libra de las patentes, ni siquiera Microsoft. Tras perder un juicio a mediados de Agosto por el que tuvo que pagar a Eolas Technologies más de 500 millones de dólares por violar algunas patentes relativas a su navegador Internet Explorer. Microsoft se tuvo que plantear la modificación de su navegador Internet Explorer y hacer que respetara los estándares de la W3C (World Wide Web Consortium), pues la empresa de Bill Gates es muy tendente a pasar por alto los estándares, sabedora de que, aunque no los cumpla, su posición privilegiada en el mercado hará que todos se adapten a sus caprichos.

Según W3C, que marca los estándares de la WWW, y de la que es miembro la propia Microsoft, tras el veredicto del jurado, el gigante debería retirar de su navegador ciertos plug-ins, applets y scripts que se han demostrado estaban protegidos por patentes pertenecientes a Eolas Technologies. Steven R. Bratt, director en funciones de la W3C, ha publicado en la página de la organización que Microsoft tiene intenciones de modificar su programa en respuesta al ordenamiento.

Por supuesto los abanderados del software libre son los que más alto han alzado sus voces contra esta legislación. En España, el grupo Proinnova está formado por la Asociación de Usuarios de Linux, Hispalinux y profesionales de la Asociación de Técnicos de Informática, y han sido los encargados de liderar el proceso de antipropaganda, para que la opinión pública mostrara su rechazo contra la nueva ley. Recogieron firmas, difundieron banners, publicaron panfletos… y nos mantienen informados en su página, gracias a gran cantidad de documentos sobre el tema recogidos en http://proinnova.hispalinux.es.

Xavis Durids Ferrán, integrante del grupo Proinnova señala algunas de las consecuencias negativas de la implantación de patentes: “Más monopolios y oligopolios en la informática, y software de menor calidad, discriminación de PYMEs, con respecto a grandes empresas y de unos modelos de negocio respecto a otros, pérdida de competitividad respecto a E.E.U.U. y Japón , ineficiencia por desviación de trabajo técnico legal, así como grandes frenos e incertidumbre jurídica en el trabajo técnico, violación del derecho a de expresión e información de los ciudadanos, y de los derechos laborales de los informáticos y las políticas en la sociedad de la información del software libre y el desarrollo tecnológico quedan comprometidos”.

A finales de Septiembre tuvo lugar en sesión plenaria del Parlamento Europeo la votación sobre la propuesta de directiva sobre patentes de software, en la que Proinnova y las demás plataformas europeas ganaron la primera (pues son necesarias más votaciones) batalla. Se votaron más de 50 enmiendas al texto propuesto por la Comisión Europea, entre ellas las necesarias para definir los límites claros de lo patentable en lo que afecta a los programas de ordenador, dejando bien claro que el software no es patentable. La propuesta de directiva así enmendada fue aprobada por más de dos terceras partes del pleno. Habrá que esperar más resultados.

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