En el mundo, las modas y en última instancia, el marketing, (pues es el mayor “creador” de modas) mandan.
Nunca dejaré de pensar que, hoy en dÃa, el mejor detergente del mundo no es el que más blanco lava, sino el que más alto lo grita, independientemente de su eficacia.
Esto es un poco lo que ocurrió con Microsoft, y su campaña de marketing y polÃtica de estratégicas alianzas que introdujeron en el mercado Windows, un sistema operativo con unas carencias considerables con respecto a Linux.
Pero esto, como casi todo lo que digo, está sujeto a ciertos matices que no lo convierten en axiomas. Se suele decir que Microsoft es mucho peor que un sistema operativo Linux, pero ¿peor en qué? Pues en su rendimiento y polÃtica poco innovadora, que ha vivido de copiar ideas y lanzarlas como propias después de un simple lavado de cara. Pero es indudable que ha sido mejor sistema operativo en cuestión de facilidad de uso, pudiendo gracias a ello ser utilizado por una masa ingente de personas interesadas en las nuevas tecnologÃas, o en usar esa cosa nueva llamada Internet, que se imponÃa en el año 1995. Microsoft, que hasta entonces no se preocupaba demasiado por el aspecto gráfico de su sistema operativo (MS-DOS) y que sólo contaba con una especie de “suite” o aplicación gráfica llamada Windows 3.11, lanzó justo entonces Windows 95, un sistema operativo que se preocupaba realmente por “ser bonito”, y el populacho descubrió las ventanas en las pantallas, y perdieron el miedo a las letras brillando sobre un incierto fondo negro. Pocos sabÃan que los ordenadores Macintosh de Apple ya gozaban de un entorno gráfico mejor que ese desde hacÃa muchos años, pero sus ansias de mejorar la vida de los usuarios en vez de sus propias vidas los relegaron a un segundo plano comercial.
Esto mismo pasa con Linux, un sistema que no es llevado por una empresa, sino por una serie de personas que altruistamente prestan su tiempo a un bien común, en la búsqueda de un beneficio comunitario que consiste en un sistema operativo cuyo código, la forma en la que está hecho, puede ser observada y por tanto mejorada por todo al que se le ocurra una idea mejor. Además se ofrece gratuitamente. ¿Existe algo mejor que algo gratis y que cumple su función con creces? SÃ, algo caro, que funcione de vez en cuando y, sobre todo, que entre por los ojos a través de agresivas campañas publicitarias.
El sistema operativo Linux, se presenta en varios sabores o distribuciones, que no son más que filosofÃas distintas de ver ese código, y, por tanto, una forma de estandarizar distintos gustos en un paquete “personalizado”. Asà podemos encontrar distribuciones pensadas para novatos, para expertos, para frikis, para jugadores… y asà hasta cansarnos. El problema para todos los genios que trabajan mejorando cada dÃa cada distribución es que se han preocupado tanto por mejorar el rendimiento que olvidaron quizás la facilidad de uso. Y no es que la olvidaran, es que en cierta manera la potencia y la facilidad de uso son parámetros incompatibles. Si quieres que algo funcione bien, y perfectamente a tu gusto, se te debe proporcionar la libertad de modificar y cambiar cada opción, cada parámetro del sistema, para adecuarlo a tus necesidades. Pero si se pretende hacer todo sencillo y fácil, se debe ocultar cierta información, o al menos, tomar algún valor estándar por defecto. En cierta manera, esto no se diferencia mucho del modelo de sociedad del que disfrutamos hoy dÃa, basado en la felicidad del ignorante, contento porque piensa que los problemas no existen, al estar debajo de una alfombra que él, ni quiere, ni es capaz de levantar.
Se podrÃa decir que Linux y Windows llevan al terreno tecnológico la eterna dicotomÃa capitalismo/comunismo de manera que una empresa que sigue el más puro sistema capitalista publicidad y consumo, lucha contra un grupo organizado de personas que trabajan por un bien común, sin grandes sueldos ni potentes inversiones, tan sólo sus ganas de mejorar el mundo.
Linux es un sistema abierto y libre, basado en filosofÃa UNIX. Abierto significa que los programas son transparentes, con lÃneas de código reconocibles, en cualquier lenguaje, y en los que se puede comprender, comparar y estudiar su comportamiento exacto, y, en consecuencia, elegir mejor, eliminar la posibilidad de ser “engañados”, o, simplemente, evitar el quedarnos con cara póquer cuando un programa caprichoso se niega a funcionar. La filosofÃa UNIX se basa en que “todo es un fichero” editable, visible, transparente, y… ¿de fácil uso? De este falso concepto de complejidad se nutrió Microsoft a la hora de comercializar sistemas operativos completamente opacos, aglutinados en archivos binarios, librerÃas esotéricas y procesos desconocidos. HabÃa sacrificado el control sobre el programa que finalmente pudiera ejercer el usuario, a cambio de la “facilidad de uso”, del “todo bien mascado”, para que el usuario final sólo tuviese que preocuparse de pinchar sobre algunos botones, sin saber qué ocurrÃa realmente entre bambalinas en el sistema. Han popularizado la idea de que los sistemas de código abierto, son difÃciles de manejar, y sobre todo, que no es posible obtener ayuda, que no existe una gran empresa tras ellos que lo respalde.
Los sistemas de código abierto son, en realidad, mucho más sencillos. Lo difÃcil es comprender esta simplicidad. La mayorÃa de las personas que usan un ordenador a diario no quiere ni necesita de profundos conocimientos informáticos para realizar sus tareas, y no resulta en absoluto reprochable la tendencia a la facilidad de uso en estos casos… pero si hablamos de servidores, o de personas que quieren realmente aprender cómo funciona un PC, esto resulta bien distinto. Los servidores son manejados por administradores, y ellos sà que deben conocer el sistema que administran y saber exactamente lo que están haciendo, tanto ellos mismos como sus propias máquinas.
No se puede dar un consejo escueto ni sentar un aforismo. Las opciones están ahÃ, y sólo hay que tener cierto interés para saltar de una a otra, sacando conclusiones propias. Lo qué si es siempre cierto, que todo lo nuevo cuesta, pero puede resultar, una vez superado el miedo y la barrera de las costumbres arraigadas, en un agradable cambio con indudables ventajas.

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Yo sà aconsejarÃa a todo el mundo pasarse a Linux o por lo menos durante un tiempo pasarse a ese fabuloso sistema operativo. Seguro que trás la experiencia de probar Linux pocos volverán a Windows.