Nadie discute la necesidad de mantener vigilados los negocios ya sea para persuadir o descubrir a posibles atacantes, o reconocerlos en el caso de que el delito de allanamiento de morada se haya consumado.
Desde el uso de simples candados, hasta la biometría, todos somos conscientes de los peligros reales que existen fuera de Internet, por vivirlos día a día de una manera más cercana.
Aún así, se suele cometer el error de centrar toda la seguridad necesaria en el aspecto lógico olvidando el gran problema que supone el acceso físico y real de personas ajenas a los sistemas. Esto puede derivar en que para un atacante sea más fácil tomar físicamente y copiar una cinta de una sala, que intentar acceder vía Internet a la misma. Es necesario encontrar el equilibrio entre ambos aspectos, sin decantarnos por uno olvidando el otro.
La seguridad lógica es una materia en constante cambio, actualización y movimiento que requiere de toda nuestra atención. Cortafuegos, detectores de intrusos y sistemas antivirus, entre otros, son conceptos relativamente nuevos para muchas empresas, que se empiezan a plantear la seguridad de sus sistemas informáticos como una amenaza tan real como la seguridad física de sus locales, tiendas o cualquier recinto privado. Es algo relativamente nuevo que las compañías posean datos valiosos conectados a Internet y que presenten por tanto un peligro potencial. Lo que no es tan nuevo es la necesidad de toda empresa con locales de vigilarlos constantemente de una manera efectiva, económica y fiable. Los guardas de seguridad han acometido esta misión en muchos de los casos, pero a un coste prohibitivo. Las cámaras de seguridad cumplen con este trabajo de una manera muy eficiente y avalada por la popularidad y el éxito que han obtenido entre las empresas. Ahora, con los avances en video-grabadores que unen la filosofía de cliente/servidor a los circuitos de “grabación de toda la vida”, las posibilidades que presentan se multiplican y sus mejoras se acentúan en gran medida.
Ya no solo en los sistemas informáticos, sino en cualquier otro ámbito, la video-vigilancia ha sido una constante de la seguridad física. Hace ya muchos años que el sistema de circuito cerrado de cámaras de televisión (CCTV) lleva acreditando su eficacia a la hora de prevenir o detectar situaciones peligrosas o delictivas. Desde siempre se han usado sistemas analógicos que demandaban costosos cables y la imposibilidad de visionado remoto. La informática y la tecnología han venido a modernizar uno de los aspectos de la seguridad que más convence y es necesario en muchos entornos. La videocámara, un comodín en el mundo de la seguridad física, ha ganado en reputación en la medida en la que ha sabido incluir más y más funciones inteligentes y ha podido integrarse en el mundo digital de las redes. Vídeos remotos al alcance de un click de ratón desde cualquier punto conectado a Internet, acceso global o instantáneo a momentos concretos de la grabación… son sólo algunas de las ventajas frente al ya casi obsoleto sistema analógico de las imágenes.
A medida que la tecnología de vídeo avanza, el paradigma para aplicaciones de circuitos cerrados de televisión empleados para la video-vigilancia, se mueve hacia soluciones completamente digitales, dejando atrás y mejorando los productos analógicos hasta ahora empleados con gran éxito, pero con unas limitaciones que no hemos comprendido hasta conocer las posibilidades de su integración en el espacio digital.
Los video-grabadores actuales nada tienen que ver con los sistemas analógicos de antaño. Antes, era necesario cablear cada cámara hasta un punto central, donde la información se mostraba en monitores y era almacenada en cintas de vídeo repuestas cada cierto tiempo, pues grabar muchas veces en ellas las hacía inservibles cada pocos usos. Por supuesto, se necesitaba una persona desplazada al lugar central para poder ver realmente las grabaciones. El acceso remoto a estas imágenes era simplemente inimaginable o demasiado costoso y arriesgado.
Con este nuevo sistema, los elementos necesarios para vigilar cualquier recinto son: las cámaras y el servidor de vídeo (conectado a Internet mediante línea rápida si se prefiere). Las cámaras pueden ser elegidas entre una gran variedad que se adecue a las necesidades o reutilizar las que ya se poseen en una estructura analógica. Para su instalación, tan sólo es necesario colocar las cámaras en el ángulo que elija y conectarlas al servidor. Desde ese momento, se puede monitorizar desde cualquier PC de la red interna o en cualquier punto del mundo si se conecta a Internet, las imágenes que la cámara capte. Al carecer de soportes físicos extraíbles o intercambiables, no es necesario un mantenimiento extra. Absolutamente todo es gestionado por el programa interno que se ocupa de almacenar, ofrecer la conexión y gestionar la capacidad del vídeo-grabador.
Las ventajas que ofrece son muchas. Para visionar las imágenes en tiempo real, normalmente tan sólo es necesario un navegador cualquiera, lo que libera al cliente de instalar aplicaciones y hace que pueda conectarse desde cualquier punto en cualquier lugar. Uno de los problemas de la video-grabación tradicional es el almacenamiento. Alrededor del 90% de las imágenes nuca llegan a ser vistas, lo que supone un gran desperdicio para formatos magnéticos. En el aspecto digital, las imágenes pueden demandar gran cantidad de espacio en los discos duros y utilizar formatos no estándar que dificulten su visionado. Actualmente, con los formatos digitales con los que se suele trabajar, se pueden llegar a guardar gran cantidad de vídeo en muy poco espacio. Por ejemplo, la grabación ocuparía alrededor de 140 Gigabytes en el caso de que cuatro cámaras graben 24 horas al día durante diez jornadas, lo que supone un gran ahorro en cintas y otros soportes magnéticos.
Algunas cámaras, se puede controlar con la interfaz de visionado a través de Internet, pudiendo así dirigir la grabación hacia el punto que se desee o enfocar un objeto concreto. Todo esto, recordemos, desde cualquier ordenador del mundo.
Muchas empresas empiezan a apostar por esta nueva tecnología, que sustituirá sin duda la imagen del vigilante controlando un panel de monitores desde un solo punto de trabajo.

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La posibilidad de utilizar cámaras IP ha supuesto para mi una gran ventaja ya que nos permite vigilar cualquier cosa que deseamos, a distancia y creo yo que eso nos da más seguridad.
Hay gente que se queja sobre la utilización de tantas cámaras IP pero yo también estoy a favor. Opino que si pusieran más cámaras por la calle se eliminaría más la delincuencia. Nadie en su sano juicio se pondría a robar un coche, por ejemplo, delante de una cámara. ¿No opinan igual?